Hay cosas que me resulta más fácil expresar bailando que hablando. Esta es una de ellas.
Muchos me conocéis dando clase, bailando o hablando con otros artistas. En ese ambiente me siento abierto, seguro, capaz de acercarme a la gente. Y quizá por eso pensáis que soy así en cualquier sitio.
Pero hay otra parte de mí que también quiero contaros.
Una noche en la Embajada
El 8 de octubre fui a la recepción de la Fiesta Nacional de España, organizada por la Embajada en Tokio. Era la primera vez que asistía a una recepción así en los cerca de treinta años que llevo en Japón. Una persona de la Embajada me había invitado y agradecí que contara conmigo.
Antes de entrar pude charlar brevemente con personas que conocía de hacía tiempo. Estaban trabajando en la organización. Después entré y me encontré entre muchísima gente desconocida.
No sabía cómo acercarme. Ni qué decir.
En el flamenco hablo con el público, con artistas, con las personas que me rodean. Tengo un tema, un lugar desde el que empezar. Allí me costaba encontrarlo. Delante de empresarios o personas de la Embajada me apareció una sensación que conozco: sentirme inferior, pensar que mi trabajo tiene menos valor que el suyo.
Nadie me lo dijo. No quiero atribuirles ese pensamiento. Era algo que me estaba pasando a mí.
Estuve alrededor de media hora y me fui. No llegué siquiera a saludar a quien me había invitado.
Cuando me cuesta encontrar mi sitio
Y esto no me pasa solamente en una recepción. También me ocurre cuando entro por primera vez en un trabajo ajeno al flamenco, o cuando alguien me invita a su casa y sé que voy a estar fuera de mi ambiente. Hay veces que cancelo porque tengo miedo a quedar mal. Me preocupa no saber qué decir, no encontrar mi sitio.
Puede parecer desinterés. Por eso quería explicarlo: a veces me cuesta aceptar una invitación aunque agradezca que hayan pensado en mí.
Las dos partes de mí
Bailando me siento más en mi sitio. Dando clase también. Esa alegría es real; no estoy fingiendo cuando me veis disfrutar. Pero también es real el hombre que se queda callado entre desconocidos, que siente miedo y que a veces se marcha antes.
Las dos cosas forman parte de mí.
«No sé cómo darme valor».
Al hablar de lo que había pasado me salió una frase: «No sé cómo darme valor». Fuera de mi mundo, hay momentos en que me cuesta reconocer el valor de lo que hago y de quien soy.
No tengo esto resuelto. Me gustaría poder ir a esos lugares con más tranquilidad, conversar sin sentir que tengo que demostrar nada. Hoy todavía me cuesta.
Gracias por contar conmigo
A quien me invitó, gracias por contar conmigo. Me habría gustado saludarte y compartir un rato contigo. Marcharme pronto no fue falta de agradecimiento. Me costó encontrar mi sitio entre tanta gente.
A quienes me leéis
Y a quienes me leéis, quería enseñaros esta parte de mí. A veces, a este hombre que parece tan seguro cuando baila también le viene bien una palabra de ánimo, una palmada en la espalda o alguien que se acerque y empiece la conversación.
Si alguna vez os habéis sentido así, me gustaría leeros. Saber que alguien te entiende puede dar un poquito de confianza para la próxima vez.
AlitaDePollo

